Por Sebastian Bustamante, Gerente de Proyectos de Aurum Consultoría y Mercado

Hoy en día, por más que contamos con más herramientas que nunca para poder ser eficientes, es muy difícil tener un día libre de pendientes o entregables. La falta de planificación y la falta de tiempo para poder planificar se transforman en un intento de gestionar el tiempo restante a través del uso de dos variables: la importancia y la urgencia. Es decir, buscamos priorizar lo más urgente e importante, mientras postergamos para después lo menos urgente y menos importante. Sin embargo, por más que priorizamos nuestras actividades, la reactividad sigue siendo parte de lo cotidiano y la imposibilidad de obtener más tiempo a través del uso de estas variables nos conlleva a cuestionar los cimientos de la gestión del tiempo. Tal como menciona Rory Vaden, todo se reduce a la interrogante de ¿por cuánto tiempo serán aquellas actividades importantes?; es decir ¿cuál es la significancia de estas? Como respuesta a aquella interrogante surge la gestión del ser, a través de la cual se busca eliminar, automatizar o delegar algunas actividades significantes. Al obviar la futura ejecución recurrente y cambiar de un rol ejecutivo a un rol gestor es posible liberar tiempo en el futuro. No obstante, el andar con una agenda apretada en el presente nos conlleva a la misma disyuntiva, ¿cómo liberamos tiempo para eliminar, automatizar o delegar si aquello en sí mismo requiere tiempo? Es ahí donde la consultoría se convierte en una solución. Por ejemplo, el abastecimiento estratégico incrementa la eficiencia en las compras de las empresas al eliminar la reactividad, automatizar la gestión de las principales adquisiciones y delegar algunas actividades de control a otras áreas o proveedores. Un proyecto de aquel tipo permite transformar un área altamente reactiva en un área estratégica, flexible y proactiva. Otro ejemplo de ello, es como las empresas recurren a empresas especializadas en inteligencia de mercado con la finalidad de delegar actividades de investigación, optando por un rol gestor en vez de un rol ejecutor. Es así como la consultoría se vuelve una herramienta más para optimizar la gestión del ser y multiplicar el tiempo a futuro, permitiéndonos mantener el enfoque en las actividades principales del negocio.

 

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